Antes que nada, agradezco a BMEZINE por este espacio para poder contar mi experiencia.
At A Glance Author Adreah Contact elsilenciodeadriana@hotmail.com When It just happened Artist ? Studio ? Location BA, Arg. Haciendo un poco de historia, siempre me gustaron los piercings y nunca sufrí ese pánico tan famoso que se dá en "la previa", cuando el piercer va preparando los materiales para agujerearnos. Nosé si es valentía, yo diría que es inconciencia más bien.
Así es como a los 17 años -después de años de insistencia para con mis señores padres- me realicé el primer piercing, en la nariz. Después, a los 18, vino el labret. Por último, a los 19, tuve mi primer piercing self-done: un handweb, o traducido al cristiano, un barbell en la piel que une el pulgar con el índice, actualmente retirado.
Desde entonces siempre me pregunté qué más me faltaba por experimentar (obviamente mucho, después de ver esta página) y me di cuenta de que -por lo menos- me faltaba un surface bar.
Lugares para hacerlo se me ocurrieron miles, pero ninguno viable por distintos motivos: no quiero tener más de un piercing a la vez en la cara porque me resulta muy aparatoso, en las manos de nuevo no podría tener porque soy de accidentarme fácil, en la panza/espalda era muy incómodo, etc.
Navegando por las galerías de esta página vi y me enamoré de dos surface piercings: el cuello y las muñecas. Desde entonces supe que me los tenía que hacer.
Averigué en varios estudios, pero ninguno se animaba a hacerme el del cuello, lo cual me resultó muy curioso. Todo quedó en "materia pendiente" hasta que una amiga mia me recomentó un buen estudio donde hacían ese tipo de perforaciones.
Asique la semana siguiente fuí decidida a hacerme los tres (el del cuello y ambos brazos) al mismo tiempo.
Una chica del local me ofreció un aro de los nuevos, flexibles, con bolitas de titanio.
Qué se yo, no tenía idea que esas cosas existían. Según ella, estos aros se adaptan mejor al cuerpo y reduce significativamente el riesgo de ser rechazado, además de resultar más cómodo para el que los use y sensiblemente más económico que la tradicional barra de acero.
Una vez, hace un año, había preguntado por ese mismo piercing y me ofrecieron un aro de no sé qué material, que me lo querían cobrar carísimo; más la colocación, el precio era equivalente a un tatuaje mediano. Yo tenía muchas ganas de hacermelo, pero tampoco soy tonta, sé que era una barbaridad lo que me estaban diciendo.
Bueno, una vez elegido el tamaño de cada aro (chico para el cuello y mediano para las muñecas), me hizo esperar en la sala mientras él se iba a preparar y esterilizar los materiales.
Después de 10 minutos, me hizo pasar y sentarme en una silla, para empezar con las perforaciones que más tiempo llevaron: las muñecas.
Me pidió que estirara los brazos y los posicionara derechos, de forma paralela, con las palmas hacia abajo. Con un calibre (instrumento métrico que mide con presición pequeños segmentos) tomó la medida del aro y después la dibujó sobre la piel. Repitió el procedimiento en el otro brazo y comparó la ubicación de ambos, para que coincidieran simétricamente.
Una vez seguro de la posición, agarró la aguja (previamente untada con una pomada cicatrizante), pellizcó la zona a perforar -y sin más preámbulo- me perforó. Dejó el catéter, introdujo el aro en el tubito y lo pasó a través de la perforación. Después le puso la otra bolita para cerrar el aro, le dió forma a la barra, limpió la zona y la desinfectó con alcohol.
Mientras yo me quedaba embobada mirando mi flamante surface, el hombre continuó con el otro brazo, del cual ni presté atención a lo que hacía, porque como dije, estaba babeándome con el primero.
Cuando me quise dar cuenta, ya los tenía terminados a ambos.
Como le conté después a mi mamá para dejarla tranquila, la sensación de la entrada, recorrido y salida de la aguja es similar a la de ensartar pollo crudo en una brochete. Como era de esperar, mi explicación no tranquilizó en absoluto a mi señora madre, al contrario, le dibujó una expresión de espanto en la cara, lo cual me causó mucha gracia.
Para terminar, siguió con la colocación de la barra pequeña, en el cuello. La posición se la tuve que corregir, porque él me la estaba dibujando en el nacimiento de las clavículas, en la base del cuello, y yo lo quería cuatro centímetros más arriba, casi en la mitad de la tráquea.
No pude ver lo que hacía por obvias razones, pero supuestamente debiera ser el mismo procedimiento que el de antes.
Fué rápido, sin complicaciones. El dolor es el esperable para la perforación con una aguja, comparable a la del dentista cuando nos pone anestecia o nos tenemos que sacar sangre.
Lo que si, para los que se impresionan fácil, no es agradable la sensación del desgarro del tejido interno y más precisamente la piel.
Hasta ahora no tuve problemas con ninguno. No me los enganché en ningún lado, ni me los tironié ni nada. No son incómodos, de hecho, a penas sé que están ahí.
Se ven super bonitos y pienso mantenerlos así, desinfectándolos y limpiándolos tres o 4 veces al día, como me recomendó el hombre.
Y así es como me hice no sólo el primero, sino mis tres surface bar piercings.
Adreah.