Corriente de adrenalina al cerebro, historia real de cómo todo sucedió
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Author LucyLiu
Contact LucyLiu@bme.anon
When A year ago
Studio Pachamama
Location C.C Plaza Las Americas (primera etapa)
Corriente de adrenalina al cerebro, historia real de cómo todo sucedió

By: LucyLiu. All rights reserved

El 23 de enero del año 2004 aproximadamente a las 5:30 p.m algunos amigos y yo llegamos al segundo piso del C.C Plaza Las Américas (primera etapa); era un día como cualquier otro, solo con la diferencia de que en esa tarde un evento especial iba a darle la vuelta a mi vida, mi primera modificación.

En una tienda de aquellos pasillos en los que las personas hablaban y reían estaba a punto de congelarse el tiempo en mi memoria. Entramos por una puerta por la que más de dos personas a la vez no podían pasar y nos encontramos con un espacio en el que entre dibujos y piezas metálicas, permacía de pie una joven mujer con algunas perforaciones en su rostro que me contemplaba cariñosamente y con voz dulce me preguntó "en que te puedo ayudar". Comenzamos a discutir que tipo de pieza era la mas adecuada para la perforación que yo deseaba, después de mucho hablar de cómo era el proceso, cuanto dolor producía y que cuidados debía tener después, la joven llamó a un hombre que durante todo ese tiempo permaneció en el piso superior.

Por una estrecha escalera comenzó a descender un chico de aproximadamente 27 años, de cabello claro y piel blanca. Al llegar abajo la dulce mujer le informó de mis intenciones.

Subió otra vez por las mismas escaleras y al pasar unos 10 minutos se oyó desde arriba alguien que gritaba mi nombre y me invitaba a subir. Con muchos nervios y pensamientos que nublaban mi mente, subí torpemente por aquellos escalones y al llegar arriba se podían ver algunos diseños, una silla, un pequeño mueble, una mesa y un espejo. Después de pensarlo varias veces tome asiento frente al espejo en el que mi reflejo describía ansiedad y temor. El chico me vio fijamente y me pidió que me calmara, que el proceso no iba a ser doloroso y que necesitaba que yo colaborara con el; procedió entonces a seleccionar de un contenedor metálico una de las agujas y a darme en un pequeño vaso plástico un poco de enjuague bucal, luego se colocó guantes y destapó la aguja. De este momento en adelante mi memoria visual desaparece de este relato puesto a que me vi obligada, entre los nervios, a cerrar los ojos hasta que el proceso terminara. Después de que abrí la boca y levanté la lengua, el chico tomó la aguja y después de contar hasta tres la pasó completamente a través de mi frenillo. Este ha sido uno de los momentos de mayor emoción y sensaciones juntas de mi corta vida. Al sentir que mi frenillo había sido perforado, una corriente de adrenalina, emoción y confusión llegó directamente a mi cerebro haciéndome dar cuenta de que aquello que había hecho no tenía comparación ni tampoco igualación alguna. Después de que la pieza estuvo colocada en su sitio, pude levantarme de la silla y mirar en el espejo aquella pequeña pieza que había cambiado el rumbo de todas las cosas. Con mucha alegría bajé otra vez por aquellas escaleras a reunirme con todos mis amigos, quienes entre asombros y comentarios, compartieron mi emoción.

Al salir del estudio fui inmediatamente a la farmacia a comprar enjuague bucal y el desinflamatorio que me habían recomendado. Nos quedamos todos en el centro comercial hasta que llegó la hora de irnos. Al llegar a mi casa tuve todo el cuidado de que mi familia (léase mamá y papá) no se dieran cuenta de que había algo extraño en mi hablar. Tuve todas las precauciones esa noche, me lavé los dientes y usé el enjuague bucal, luego tomé una de las pastillas desinflamatorias y me acosté a dormir. A la mañana siguiente mi boca se sentía muy inflamada y me dolía al hablar, sobre todo pronunciando palabras que tuvieran la letra "R". Continué con mi tratamiento, esperando que en algún momento aquella desagradable inflamación pasara. Luego de aproximadamente 2 semanas mi boca había vuelto a la normalidad. Durante todo este tiempo mi alimentación se limitó casi completamente a líquidos y comidas semisólidas para evitar el dolor que me producía masticar. Hoy en día mi frenillo está muy bien cicatrizado y no me ha dado problemas. Es uno de los piercings al que más cariño le tengo, ya que fue mi primero y me produce mucha satisfacción y orgullo habérmelo hecho.

A las personas que hayan leído esta experiencia en busca de apoyo o información porque quieren hacerse esta perforación, mi recomendación es que luego de que la pieza haya sido montada tengan mucho cuidado con respecto a la higiene de la boca, cepillen sus dientes luego de cada comida y usen enjuague bucal. Si les prescriben desinflamatorios y/o antibióticos tómenselos, ayudan a que la cicatrización y desinflamación sean más rápidas, pero sobre todo disfruten mucho de su perforación ya que es única e irrepetible.


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